El sueño de una noche de invierno

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Los tres renos saltan al mar desde la montaña. Quizás haya algo tan maravilloso que les impulsa a hacer este gesto. Sin un ápice de temor se elevan por el aire sincronizadamente como figuras de luz en un frío día de diciembre. ¿Qué hay más allá de esa franja azul del horizonte que a todos nos atrae y nos atrapa hasta hacernos perder la cabeza por algo que ni tan siquiera sabemos que existe. Muchos sueños de noches de verano se fraguan pero otros que parecen ser maravillosos terminan en la cuneta. No es acaso la avaricia del hombre cuando va mucho más allá de sus posibles realidades la que condiciona la felicidad o el sufrimiento? ¿Acaso muchos de nuestros representantes creen todavía en esos renos de luz que a los ojos de un niño son lo mejor que existe y subidos a sus enormes cuernos desean hacerse con todos los regalos del mundo? Sueños y noches de verano o de invierno que hacen perder la cabeza con el afán de poseer y almacenar cuando el tiempo es el que es y nada ni nadie se escapa de sus limites. Necios aquellos que creen poseer la suficiente astucia como para quebrar a una sociedad en la que ellos mismos se están cavando su tumba. ¿Por qué? Una pregunta que todavía no le he hallado la respuesta correcta ya que se diluye como aceite poniéndoles a la altura del betún. Querer hacerse con el suelo que hay bajo nuestros pies es deleznable y más todavía jugar con la dignidad de las personas. Las buenas almohadas son para descansar pero los sueños perversos no conseguirán jamás hacer que seamos felices. Y es que a veces soñar no es tan fácil.

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