La espera

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¿Cuantas veces nos hemos acostumbrado a ese banco que nos deja descansar después de un largo paseo? Lo hemos incluido entre nuestras cosas más personales ya que siempre está ahí, en ese lado del camino, en ese parque o en esa acera. Esperas tranquilo a que yo a parezca cada día para hacerte cargo de mi cansancio. Incondicional casi siempre pero exigente en otras ya que tienes que compartirme. Ves salir el sol cada mañana o soportas la fuerte lluvia del invierno sin rechistar. Sentada en ti me refugio en ese palco que me muestra la vida tal y como realmente es. A diario, con sus problemas y con sus emociones. Veo a la gente hacerse mayor y a los niños creer y crecer mirando a un mañana cercano. Como ese libro abierto escuchas las palabras y guardas tantos secretos como días que tienes en ese lugar. La espera de verte y de sentirte para sentarme en tu regazo y ver el mundo. La hora pasa, la pena se olvida pero las obras quedan atrapadas en ese entorno que a veces nos parece insignificante pero que contienen el pulso de muchos años. 

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