La sabiduría de lo ordinario

El macizo de Anaga en la isla de Tenerife recibe la tarde con su exquisita belleza. A lo lejos el roque enmedio del océano parece desafiar a un cielo entre brumas dando constancia de que el día termina pero tras la noche volverá a nacer. Entre torbellinos de celeridad y agresividad competimos constantemente con preocupaciones superfluas que nos nos llevan a ningún lugar mejor. La vida no es miel sobre hoyuelos, pero tiene miel y también tiene hoyuelos y lo importante no es lo que nos ocurra sino como afrontemos ese reto. Nada es lo que aparenta ser. La esencia es aquello invariable y permanente que constituye la naturaleza de las cosas y por más que intentemos profundizar en ello más de esa propia esencia se escurrirá entre nuestros dedos. Mirando entramos en ese pasillo donde no cabe ciencia ni tampoco medida, solamente es. Encontrarnos en ese punto es situarnos en esa vuelta hacia el interior de uno mismo sin condiciones. Vivimos en una sociedad centrada en resultados a corto plazo y sin pararnos a pensar en lo que realmente estamos dando de nosotros a los demás. Hoy, bajo las nubes en gris de este abril incierto el dia ya consume sus últimas pulsaciones pero el sonar de un océano Atlantico transparente y vivo rubrica para el mundo un deseo de recuperación.

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