El don de la genialidad

Destacado

No todos somos geniales y si aún nos empecinamos en serlo y nos empobrecemos enormemente. ¿A quién no le ha gustado ser el protagonista de algo que con mucho trabajo ha conseguido? Hoy todo el mundo es genial, incluso respondemos con ese adjetivo tan popular para ahorrar las expresiones, “me parece bien, estoy de acuerdo” sin percatarnos de que dicha expresión va mucho más allá de una simple asertividad. Dentro de ese término hay que incluir inevitablemente la palabra espontaneidad. Cuando no existe surge la indecisión. Pero sin lugar a dudas este es el momento de la “genialidad” a la hora de hacernos más y más poderosos como algo en lo que solamente hemos intervenido nosotros mismos y nuestras intenciones. Lo perjudicial de todo este panorama es que las genialidades absurdas no llevan a ninguna parte, sólo entorpecen muchos procesos en los que se juegan la vida, la economía y sobre todo la dignidad de las personas. Y me remonto a los tiempos de Charles Dickens donde todo era válido a costa de lo que sea. No avanzamos hacia delante por la alfombra roja del logro y la sensatez sino que caminamos como los cangrejos y a escondidas para que no se nos vea y poder salir corriendo. Las miradas arcaicas están de moda y el solo hecho de sentirlas nos condiciona el futuro, la seguridad y sobre todo el don de la genialidad en su máxima expresión.