Pisadas de silencio

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Cuando el otoño ya se ha sentado cómodamente entre nosotros el mensaje del viento y declive de la luz cobran protagonismo en los montes, en las cañadas, en el devenir de esas pisadas de silencio que se escuchan a través de los gritos de los ciervos. Tardes frías que invitan a apresurarse para coger ese asiento de primera y vivienciar el espectáculo de la berrea, del cortejo por hacerse con la mejor de todas. La naturaleza es sabia en actitudes y muy prudente en confiar al hombre su misterio. Saben que no a todos gusta el saborear ese privilegio o entenderlo aunque solo sea el silencio que tanto nos dice y que en muchas ocasiones nos asusta. Pero todo habrá que verlo con la mirada y no con la intención. Sin pronunciar palabra, solo mirar para que el espectáculo del monte, de la cañada o de la sierra se enaltezaca con la sabiduría que conlleva el milagro de la naturaleza.

Preparado para Bárbara

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A media tarde de ayer el gigante intuyó que se aproximaban vientos huracanados. Y sin pensarlo dos veces sacó su sombrero. El sol picaba más que de costumbre, lo cual era una señal de que este idílico momento no tardaría en desvanecerse. Y así sucedía horas más tarde

Aunque el sol nos regalaba un ocaso expléndido desde la playa ese gigante silencioso ya tenía puesta su gabardina y su capucha. Lo demás ya veremos como termina, porque estamos en pleno baile con Bárbara y no sabemos las consecuencias que tendremos.