Verde infinito

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Curiosamente me he tropezado una vez más con el verde infinito del Jardín Botánico del Puerto de la Cruz. Sin más, se ha presentado ante mí como la revelación de esa mieada ausente que todo lo ve y ese destello del verde infinito de su presencia. El helecho gigante que a primera vista me cautivo es el comienzo de toda una serie de rincones llenos de pacífica naturaleza. Tras ese verdor no se escucha al hombre sino a los pájaros que habitan en sus ramas y entre los paseos algunas flores se ruborizan con nuestra presencia.

Sumergida en el túnel del tiempo encontré el eco de sus nombres y la fragancia de sus pétalos. Aún así el verde resultó mucho más atrayente a mis ojos, como si fuese la primera vez.

Al final del paseo quedó tras de mi la sintonía de aquel verde infinito que causa tanta admiración.