Educar para la realidad

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Nos disputamos la manera de educar como si consistiera en motar un puzle en el que todas sus piezas han de tener su lugar perfecto. ¿Pero nos hemos preguntado alguna vez si nos paramos a contemplar la realidad que nos rodea y las posibles enseñanzas que a ella debemos adherir? Sencillamente no. Damos valores obsoletos a quienes están empezando a construir sus vidas sólo por el hecho de que el futuro hay que atraparlo como sea. Mientras nos distraemos en elucubraciones y sinsentídos dejamos a merced de otros las decisiones más importantes de nuestra vida. También posponemos muchas de esas maneras de ver el mundo desde nuestro ojo crítico y nuestra mente despierta. Educar en la realidad, ¿es tan dificil que apenas dejamos tiempo para definirnos y definir lo que realmente queremos hacer con nuestra vida? Y nuestra vida se basa fundamentalmente en la realidad que estamos viviendo. No hemos valorado demasiado nuestros legados y hemos preferido lanzarnos a la aventura y buscar aquello que nos han dicho que es bueno, pero ojo, no lo hemos comprobado. La cultura y las raíces se han quedado relegadas frente al monstruo de las grandes ciudades y que ahora más de uno hace su maleta para retornar. La educación para la realidad es como una segunda oportunidad de atrapar aquello que abandonamos pero que jamás nos dejó atrás. Fuimos nosotros los que un día creímos que lo de fuera era mejor. Se está creando un futuro sin calidez y con muy poco humanismo donde la persona ya no cabe en una sociedad inmersa en las estructuras de un poder mediático en el que las fuerzas, el tesón y la creatividad están ausentes. El campo grita y la industria se retuerce frente a la implacable decisión de quienes tienen puestos sus ideales en otros mundos que se escapan. En las fronteras de lo inapropiado podemos hallar ese territorio en el que merece la pena arriesgarse porque es ahí, en la frontera de la conciencia, donde aún podemos descubrir el camino en el cual el significado profundo de las cosas se mantiene a salvo de esa tendencia de nuestra mente consciente a establecer todo tipo de demarcaciones. Y así la educación para la realidad podría tener cabida.