Jugando a ser verdad

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Cuando queremos creer que lo que hacemos está bien nada ni nadie puede hacernos ver lo contrario. El hombre es el ser que se cree sus propias mentiras y todavía es capaz de de involucrarnos en sus decisiones. «Jugando a ser verdad» sería hoy por hoy la razón misma de mantener el tipo y coronarse de laureles mientras sabemos ocurre todo lo contrario. Escuchamos las promesas y los discursos fáciles que distorsionan la realidad para caer una y mil veces en los mismos errores, en las mismas situaciones. Y no es culpa de unos o de otros únicamente es la razón de unos y de otros para comportarse de una u otra manera y eso es dificil de erradicar. Mientras unos caen otros intentan hacer negocio del árbol caído. Aunque haya que jugar a ser verdad y nada de eso tenga que ver seguiremos produciendo ilusiones para mantro estado. Ilusiones baratas, de las de andar por casa y con unas dimensiones estratosféricas ya que nos encontramos entre amigos saboreando el mismo pastel pero con dos lados diferentes, el dulce y el amargo. Y nos regocijamos con ello y también por ello haciéndonos nobles y generosos porque sabemos que en esa aventura nuestra balsa siempre estará preparada para salvarnos. Jugando a ser verdad no debería ser el principio de todo progreso y de toda esa imaginaria fórmula del engaño.