¿Cómo?

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No existe un cómo. El cómo implica un sistema, un modo, una práctica que se torna mecánica. Y todo se va envolviendo en esa sucesión de pensamientos, movimientos y reacciones que a veces nos parecen involuntarios y sin embargo han sido diseñados para nosotros. El viaje de nuestra existencia es el punto causal en el que nos asentamos, mientras que el destino es siempre un efecto. La palabra nunca es lo real pues a través de ella nos volvemos emocionales frente a quello en lo que nos solemos fijar y nos hace renunciar ante nuestros propios reflejos. ¿Estamos condicionados a un entorno preestablecido? Sin lugar a dudas el hombre va pensando cada vez menos y dejando que sean otros los que decidan por él y son muchas las veces que nos arrepentimos de ello. Con el tiempo todas nuestras experiencias adultas son el eco de nuestra infancia y con ella escribimos la evolución de nuestras decisiones, nuestros sueños y nuestros comportamientos para reinventarnos y adquirir experiencia y plenitud. No hay que olvidar que el río de la vida solamente tiene un curso pero en él existen muchas paradas en las que vamos pagando un peaje para continuar avanzando. Establecernos en la superficie de todas esas cosas que encontramos en él nos evidencia cada vez más que en todas sus esquinas hay algo por lo que luchar y ganar. Nunca perderemos si encontramos la esfera mental a la que llamamos tiempo y nos ayuda a ir creciendo emocionalmente.