Enriquecerse

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El deporte de la humanidad es enriquecerse como sea. Ahora bien, no todos están por esa labor ya que muchos tratan de disfrutar de su trabajo sin procurarle un daño a los demás. Pero en este mundo donde la críptomonedas, los paraísos fiscales y la exhuberante demostración de poder está supurando por todas partes. Ya no existe el decoro al poder beneficiarse del mal ajeno y en virtud de aquel descalabro que sufríó la sociedad española en los momentos más duros de la pandemia nadie se cortó un pelo en hacer negocio del árbol caído. La picaresca se ha instalado en esta sociedad con muy pocos principios y no demasiados actos de humanidad. Todo lleva la coletilla de cómo sacar provecho de todo.Hemos ido gestando unos valores basados en el poder y todo evoluciona alrededor del mismo. Las guerras ya se alimentan de lo que les estamos proporcionando con nuestros negocios de armas y con todo aquello que pueda aportar beneficios. No se tiene en cuenta el daño a las personas, a las ciudades, a la vida en general y a todo aquello que nos pertenece, nos nutre y nos da equilibrio y progreso. ¡Qué ciego se está quedando el mundo frente a tanta maldad porque es incapaz de reaccionar frente al daño y a la exclusión social que le amenaza! Enriquecerse de ese modo no quiere decir crearte un imperio económico dónde no haya cabida para nadie más que tú, porque aunque estás cubierto de oro el frío metal te hará un náufrago de tu propia fortuna.

Día de la rosa

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La rosa de té nace en el Himalaya y aún así poco la conocemos. A pocas horas de celebrar el día de la rosa (el 23 de abril) no estaría de más encontrarnos con esos ejemplares tan diversos a la vez que únicos,dónde la belleza se hermana con la fragancia de algo tan sutil. Un ramo de rosas es un detalle pero una sóla de ellas es una demostración de cariño y de respeto. ¡ Felíz día de la rosa, delicia de quienes saben apreciar su mensaje!

El sol en una botella

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Deberíamos de ser un poco más cosncientes en todo aquello que intentamos cambiar. No todas las soluciones son las apropiadas ni tampoco todos los problemas tiene una misma raíz. Hay que dejar fluir a nuestra mente para que se puedan clarificar las connotaciones y a las que tantas veces les colgamos el cartel de «problema». Quizás la solución no esté tan distante como creemos, solamente es cuestión de discernir ampliamente sin apilar conocimientos, conclusiones y toda una serie de frenos preestablecidos. Un gramo de combustible, en esta era en la que nos movemos siempre motorizados, tenemos nuestra vivienda sincronozada con toda serie de aparatajes (muchas veces excesivos) y que ya ni pensamos por nosotros mismos, es igual a la energía que generan 8 toneladas de petróleo. Esa tecnología impuesta nos está mermando la salud, el bienestar y también la economía. La innovación se talla hoy en día frente con baremos lucrativos en los que poco se respeta la evolución natural de los recursos y beneficos que la misma naturaleza nos proporciona. Esos recursos que se van agotando frente al abuso desmedido de nuestra manera de procurar que todo se regenere y que nada se interrumpa. Envasar al sol en botellas para que no falte la energía que mueve al mundo. A ese mundo que no conoce de normas ni de responsabilidas y dónde todas las miradas siguen estando puestas en ellos mismos y sus imperios. Al otro lado la energía se extrae a diario y sin pretensiones desde aquellos que se favorecen de los recursos de la tierra y sin embargo no dañan ni contaminan. Pero esa es otra cuestión y no cabe en lo que llamamos «civilizaciones y progreso» porque siempre están ocupandos en saciar su sed de poder a costa de lo que sea.

Equilibrio

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Estamos en la balanza del tiempo y como bien podemos observar el equilibrio se muestra sin apenas necesidad de proponérnoslo. Las marismas y los humedales que frecuentemente salpican nuestra geografía nos lo confirman. ¿Qué será de ellos? Apenas conocemos nuestro país y sin embargo nos deleitamos como confereciantes natos que viajemos por el mundo. Esos lugares que un día fueron nuestros y que hoy por desgracia desconocemos y hasta ignoramos. El reclamo que a día de hoy hace nuestra geografía, nuestra agricutura y ganadería se convierte en el tachón sin goma de borrar que tarde o temprano perderemos. La cultura de un país es mucho más que hacerse famoso. Es sentir a ese país como algo propio e imperecedero que nos comunica con el mundo y que nos proporciona todo lo necesario para que seamos. Observamos las la aves llegar cada año a Doñana y las cigüeñas hacer sus nidos en las torres de los campanarios. ¿Sómos consientes de ello?. Sin lugar a dudas muchas de estas demostraciones de vida y de progreso se encuentran muy relegadas de nuestro entorno. Justificamos todo al cambio climático y no percibimos que ese cambio climático nuestra manera de ser frente a la vida, la naturaleza y la razón.

Luces y sombras

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Bajo la espesa manta que cubre nuestra existencia existen numerosos puntos de luz que diseñan nuestros caminos. Hoy la civilización se halla en una confusión tal que arremete contra todo eso que le es dado y sin embargo siempre ambiciona más. No por eso nuestras intuiciones carecen de fuerza y mientras unos deambulan por caminos estrechos otros extienden sus brazos hasta alcanzar los dos puntos que le proporcionan la estabilidad necesaria para seguir adelante. Miramos al cielo y sólo vemos puntos de luz en la noche y sin embargo recibimos lo incuestionable de todos ellos. Debemos tanto al universo que jamás podríamos equipararnos a él por tanta bondad. Pero estamos tan distantes que apenas podemos percibirlo mientras que es el universo mismo quién está, ha estado y seguirá a nuestro lado. Avanzamos de una manera tan incontrolada mediante la tecnología que permanecemos en estado de asombro constante a la vez que impresionados por todo aquello que podemos lograr. Más esa sensación de poder no es ni un ápice de lo que el hombre, con su inteligencia e intuición podría conseguir sin apenas esfuerzo. Luces y sombras, igual que el cielo y el mar. Que el día y la noche y todo aquello que nos parece extraño pero que hemos ido creando poco a poco con nuestra vulnerabilidad frente al desafío del hombre ante su propio destino. De vez en cuando hay mirar hacia el universo y saber que estamos aquí y que le debemos tanto que no habrán días para contarlo. La sombra de su luz es infinita al unísono que su magnificencia es impredecible.

Más allá de mi mano

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Cuando el árbol no te deja ver el monte para que la vida se vuelve posible. Pero si tratamos de observar más allá de su sombra el día amanece y la esperanza se posiciona. Más allá de nuestras manos existe un mundo que nos reclama y una voz que nos instiga para intentar verbalizar esa cadena de diálogo mediante el cuál podamos crear un estado de calma que organize lo que está roto. Que abrillante lo que se ha ido estropeando con la ira del hombre y sobre todo que cualifique ese poder que el hombre tiene para no actuar simpre con violencia sino con la palabra. Más allá de nuestras manos está la sabia paciencia de no tener que coger un arma para lograr un fin a costa de vidas humanas. Mientras sigamos mirando solamente el árbol nuestra actitud seguirá frustrando esperanzas y mutilando deseos. Nadie quiere extender hoy sus manos. Quizás el interés sea mayor que la dignidad y por eso nos volvemos recelosos. Cuando deseemos hacer algo, hagámoslo, no esperemos a que las circunstancias nos sean favorables. Ese intervalo de tiempo entre la razón y el interés puede hacer que nos cambie la vida de inmediato. El problema de mirar al pasado muy a menudo es que un día volvemos la cabeza al futuro y descubrimos que ha huído definitivamente. Ningún minuto es igual.

Retratos de ayer

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La masía se mira en el estanque. Y lo viene haciendo desde hace mucho tiempo. Sus frías aguas todavía acunan momentos del pasado que siguen en ellas. Esos viejos lugares de la infancia dónde todo parecía más luminoso y también más onírico como en los cuentos que tantos días de verano se contaban entre sus árboles. Hoy el tiempo de la masía se viste de nostalgia y de recuerdo porque allí nada pasa desapercibido y dónde los senderos entre sus naranjos ya perfuman de azahar las tardes de esta primavera. Volver y reinventarse es querer atrapar el tiempo en esa esquina del jardín aunque de distinta manera. La hierba ha crecido y muchos de sus caminos han quedado bajo ella. Se hacen notar porque entre sus florecillas silvestres trenzan nuestras pisadas y nos sorprenden con alguna flor o tal vez con ese drago que viajó desde Canarias para quedarse allí. Retratos de ese ayer que hoy todavía están presentes rubricados por el único geranio rojo que ya ha nacido en esta primavera.

El puente del río Seco

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Despedimos un mes de marzo lleno de sinsabores, dónde la irracionalidad supera ya todos los límites y todavía sin vislumbrar un ápice de luz y sosiego. La vanidad de los polñiticos se ha instanlado en sus corazones de por vida y se arriman al ascua que más calienta con tal de engordar su ego a costa de la vida, la prosperidad y el entusiamo que a diario muchos ponen en lo que poco a poco se les está escurrriendo de entre las manos. ¿Volverán aquellos tiempos de bonanza?, no lo sabemos. Mientras la vida nos muestre su verdadera esencia y los ríos secos se llenen de agua ante nuestros ojos podremos decir que existe un ápice de luz frente al camino. Lo demás se queda corto por mucho que lo intentemos porque no somos capaces de renunciar a muchas cosas que se se solapan frente al apático proceder del hombre. Busquemos esa verdad y dejémonos de tonterías que solamente harán que cada vez estemos más hundidos en el fango. Foto: puente romano sobre el río Seco, Onda, Castellón.