Crisis de valores

Nos encontramos frente a una crisis de valores sin precedentes donde la vida vale bien poco y el egoísmo se nutre de hacer víctimas a quienes menos tienen. Todo vale por el poder y la sumisión de los pueblos y de todo aquello que necesitamos destrozar para atesorarlo. Una crisis de valores no es una ausencia de los mismos sino una falta de orientación de cómo afrontar la realidad y el futuro y con qué valores hacerlo. El ser humano espera todo de la sociedad, quedando fuera el esfuerzo personal, y todo aquello que la sociedad misma genera no son valores universales y positivos sino un enorme vacío existencial. Siempre se ha aprovechado la parte positiva de las crisis porque de ellas surgen nuevas oportunidades de cambio, de progreso y sobre todo de reconocer todo aquello que uno quiere, siente o está dispuesto a arriesgar. Un saber situarse en el mundo y no a costa de él porque estaríamos como al principio, carentes de todo estímulo frente a nuevas posibilidades. Los imperativos morales podrían ser nuestro acicate a la hora de emprender nuevos proyectos ya que el imperativo es un fin en sí mismo y no un medio para logar algo determinado. Crear cordones de aislamiento hacia quienes están aislados por razones de guerra, hambre, enfermedad no tiene cabida en esta misión. El imperativo moral es aquel que una persona se impone voluntariamente para llegar a mirar al mundo como una cuestión de prioridad inmetidiata y no espera a que nadie justifique la inacción.

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