Nada me complace más

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Que poder contemplar la última puesta de sol de este verano. Con sus idas y venidas ha sabido acoplarse en nuestras vidas haciéndonos cambiar muchos planes y procurando que no olvidemos sus tórridos días y su sequía imparable. Marcha cansado y se entretiene bajo los rayos del sol que se observan bien distintos a nuestros ojos. Hace falta seguir mirando al frente porque son muchas las cosas que aún nos tocarán vivir. Mientras existan los deplorables y los malvados que solamente hacen justas sus propias razones olvidándose que sus acciones propician el desarraigo, el temor y esa falta de empatía que les caracteriza. Hemos diseccionado el planeta creando barricadas de odio y fortaleciendo los imperios del mal. Todo se basa en el poder, la humillación y la falta de buenos propósitos. Los que los tienen permanecen callados entre ese letargo entre la desidia y la falta de decisión. Pero la vida es nuestro mayor baza y mientras existan atardeceres que nos preparen para la entrada del otoño siempre podremos decir que estamos en el buen camino. Nada me complace más que invitarles a todos a que entremos juntos en la estación de purificación, de limpieza de descanso porque todo se viste de ese fluir que encuentra en sí mismo la sabia esencia de la renovación.