La meteorología mundial está enfurecida y ya nada concuerda con las formas. Todo se rebosa de los límites haciéndonos cada día más vulnerables a los acontecimientos. Ese destino en el cual creemos estar atrapados es el que nosotros mismos hemos creados con nuestra forma de hacer. A base de lo que somos creamos el mundo al que pertenecemos. La conducta no es un ideal. La conducta la estructuramos nosotros, de momento en momento. Hablamos de ideales y eso no es más que un escape respecto de lo que nos hemos convertido. Las nubes se amontonan creando barreras entre las naciones. Atrapando cerebros incontrolados que con un libro en sus manos nos quieren doblegar la conciencia y hacernos víctimas de sus terroríficas acciones. Esos caracteres débiles que se ven atrapados por las charlatanería de los llamados «iluminados», tanto en sectas como en creencias para la salvación. ¿Es que ya nada es controlable? ¿Es que la mente humana ya no es capaz de discurrir por sí sola en un mundo de adelantos y progreso? Los claros en esta tempestad de naciones, personas, mundos y todo aquello que podamos imaginar existen señores. Tras las montañas existen los días de sol, pero hay que saber buscarlos y sobre todo quererlo. Lo demás viene por añadidura. ¡Practiquemos entonces el sano vértigo de pensar por uno mismo, quizás otro gallo nos cante!