A escasas horas de la entrada del otoño no quiero dejar pasar la ocasión sin rendir homenaje a esos campos que bañan nuestra geografía con la vendimia a punto de comenzar. Son muchos los momentos que he tenido la suerte de vivir junto a ellas, Extremadura, Castilla la Mancha, las islas Canarias en su quehacer discreto y sosegado
mimando desde las tierras volcánicas todo ese buen hacer de sus gentes que buscan sacar lo mejor de ellas. Pero el otoño es mucho más para mí. En una tierra de contraste y donde la sabia naturaleza nos propone y nos impone cada vez más retos por nuestra poco dedicación para conservar el paisaje. Desde esos ocasos frente al Atlántico y con el respaldo apoyado a las cumbres que hoy verifican un pasaje que suplica, ante la inacción de quienes dicen pero no hacen. Otoño es como el espejo en el que se revierten los propósitos y se afianzan nuevos logros que en curso de otro año quizás hemos valorado poco volviendo nuestra mirada hacia las cosas superfluas que no nos convienen. Empezar esta nueva estación debería hacernos cambiar de traje igual que lo hace el bosque para renovarnos en la medida que no hemos sido capaces.



Descartes definía «alma» cosa presente opuesta a cosa extensa. Alma o osencia eterna de cada uno de esos seres vivos y gracias ala cual estos tienen una determinada identidad. La mariposa era entre los antiguoa el emblema o la imagen del alma. El mundo está manteniendo una actitud xenófoga frente a los problemas que vive hoy la humanidad. Las corriente migratorias se han colocado en las primeras filas de y desde siempre se ha convertido en un problema de primer orden. Más aún en los tiempos que corren donde los espacios del mundo se compran y en los que no tienen cabida los no deseados. El espacio vital es sustraído por los ricos dejando al resto a merced de su suerte. No reconocemos a esos diferentes porque creemos que nos arrebatan lo nuestro. Esas almas son seres vivos que luchan por un futuro mejor y renuncian a todo lo que tienen no pudiendo escapar de su historia más de lo que uno puede escapar de su sombra. Buscando esa supervivencia racional de la que todos somos parte y en la que todos tenemos cabida. El hombre ha creado mundos de fobias contra los seres humanos enmarcando tragedias en las páginas de la historia. Hasta los libros tienen alma. El alma es aquello por lo que vivimos, sentimos y pensamos y el emigrante es aquel que deja todo lo que tiene por todo lo que espera.

























































