
La fuerza interior es la capacidad de resistir, de adptarse y crecer frente a la adversidad, sustentada en la resiliencia, el sentido de la vida y la autotrascendencia. Ese recurso psicológico y emocional que nos permite enfrentarnos a los desafíos que la vida nos impone manteniendo una actitud positica y esperanzadora. Pero ¿cómo desarrollar nuestra fuerza interior? Siendo nuestra herramienta más valiosa a penas la conocemos. Todos miramos hacia otro lado y tratamos de cerrar los ojos porque no somos capaces de enfrentarnos a esa realidad que hoy nos marca y nos condiciona ante un evento brusco que rompe todos los esquemas a los que ya nos hemos acostumbrado. Pero tenemos que descubrirla para poder aferrarnos a ella. Muchos son conscientes de esa poca distancia que hay entre su poder y nosotros y la encontramos. Otros no son tan receptivos y tardan un poco más necesitando esa ayuda para dar los primero pasos. Pero fuerza interior la tenemos todos, solo que habrá que cultivarla. Como los árboles y las plantas. Como el sol y las nubes. Todo en ellos es fuerza. Esa capacidad de sostenerse emocionalme es dificil cuando todo se tambalea, pero no es imposible. El tronco del árbol que nos da sombra y establece una conexión con nosotros como la fuerza de la tierra que emerge bajo nuestros pies proporcionándonos esa seguridad que tanto necesitamos en los momentos más difíciles de nuestra vida. Esa motivación que nos empuja a reiniciarnos, a resistir, a ganar terreno. «Aléjate de aquello que no te permita crecer. Tus pasos son tuyos y la esperanza se reivindica en cada uno de ellos»



mimando desde las tierras volcánicas todo ese buen hacer de sus gentes que buscan sacar lo mejor de ellas. Pero el otoño es mucho más para mí. En una tierra de contraste y donde la sabia naturaleza nos propone y nos impone cada vez más retos por nuestra poco dedicación para conservar el paisaje. Desde esos ocasos frente al Atlántico y con el respaldo apoyado a las cumbres que hoy verifican un pasaje que suplica, ante la inacción de quienes dicen pero no hacen. Otoño es como el espejo en el que se revierten los propósitos y se afianzan nuevos logros que en curso de otro año quizás hemos valorado poco volviendo nuestra mirada hacia las cosas superfluas que no nos convienen. Empezar esta nueva estación debería hacernos cambiar de traje igual que lo hace el bosque para renovarnos en la medida que no hemos sido capaces.


Descartes definía «alma» cosa presente opuesta a cosa extensa. Alma o osencia eterna de cada uno de esos seres vivos y gracias ala cual estos tienen una determinada identidad. La mariposa era entre los antiguoa el emblema o la imagen del alma. El mundo está manteniendo una actitud xenófoga frente a los problemas que vive hoy la humanidad. Las corriente migratorias se han colocado en las primeras filas de y desde siempre se ha convertido en un problema de primer orden. Más aún en los tiempos que corren donde los espacios del mundo se compran y en los que no tienen cabida los no deseados. El espacio vital es sustraído por los ricos dejando al resto a merced de su suerte. No reconocemos a esos diferentes porque creemos que nos arrebatan lo nuestro. Esas almas son seres vivos que luchan por un futuro mejor y renuncian a todo lo que tienen no pudiendo escapar de su historia más de lo que uno puede escapar de su sombra. Buscando esa supervivencia racional de la que todos somos parte y en la que todos tenemos cabida. El hombre ha creado mundos de fobias contra los seres humanos enmarcando tragedias en las páginas de la historia. Hasta los libros tienen alma. El alma es aquello por lo que vivimos, sentimos y pensamos y el emigrante es aquel que deja todo lo que tiene por todo lo que espera.






































