Olfateando la hipocresía

Detrás de esta ventana veo pasar la vida. Con sus vaivenes sobre las olas del mar y presiento que no hay ni habrá nada más bello y sincero que este atardecer. Hemos edificado nuestra existencia a lomos de la hipocresía y a pasear de ello nos vemos seducidos por la de los demás. Sin quererlo, pero haciendo oídos sordos de tantas cosas que nos alertan y nos conducen a vertiginosos acantilados. Estamos cambiando el ciclo de la vida sin apenas darnos cuenta y lo que es más grave todavía «estamos cambiando» a la propia naturaleza humana. El viaje de Alicia al país de las maravillas se ha quedado tan atrás que ni tan siquiera podemos encontrarnos con esa razón por la que nuestra brújula se ha vuelto loca. Y olfateo la hipocresía en cada esquina, en cada noticia, en cada actuación del ser humano porque nada encaja y todo se diluye. Desmerece ante nuestros ojos la sabia naturaleza que de por sí se ve amenazada por ideas desnortadas que quienes dicen ser y poco son. Las espumas de la playa que contemplo desde la ventana son directrices de un vaivén que no se corrompe y que todo lo hace bello. El sol se recoge temprano en estos día fríos de febrero que se lamentan de nuestras disciplinas pero que albergan esperanzados las nuevas sonrisas de la primavera.

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