Barcos a la mar

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Tardes de verano. Tras las horas de sol y de calor las gentes salen a refrescarse  a calles, plazas y avenidas. Ayer, día 16 de julio la confluencia en torno  a la Plaza de España y Avenida de Anaga de Santa Cruz de Tenerife era singular. Aunque con un muelle carente de barcos en ese día la imaginación de otros no quedó relegada y la fuente se vio inundada de pequeños buques que hicieron las delicias de grandes y no tan grandes. Incluso hasta el “Titanic”  se atrevió a navegar por aquellas aguas tranquilas. Días de julio que acontecen que permanecen en mi memoria. El aire, la brisa del mar y el sonar de las sirenas emergen  entre el vuelo de las gaviotas, bajo las puestas de sol y en la compañía de esos seres a los que las décadas y los días jamás podrán enterrar en los balcones del olvido. Igual que esos barcos deslizándose por aquella bahía del juego y de la ilusión se escurría otra tarde de estío por mi memoria. Nada es pequeño cuando se vive con intensidad.

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Verano

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Rafael Ben-Abraham Barreto*

Y  llegó el verano y también el mes de julio con su luna nueva y la conjunción de los planetas Venus y Júpiter. La grandeza del universo en expansión nos recuerda la fuerza de la Creación y el poder infinito del Creador, que no acertamos a comprender ni elucidar, aunque en nuestra arrogancia pretendamos desentrañar”. No nos bastará la eternidad si quiera para entender una milésima de la esencia de esa fuerza que lo mueve todo en torno, dentro y fuera de nosotros. Una tarde apacible de julio en sus primeras hora, ecuador del mes de Tamuz, plenilunio, cielo radiante que tapa el Puerto de la Cruz y que desde su mirador entrañable permite contemplar la expectación de unos turistas que quieren inmortalizar su paso por este terruño y algunos como el que modestamente escribe dejamos escapar nuestras miradas hacia lo alto para encontrar esa aproximación de dos astros mientras que el sol se esconde bajo el agua en el horizonte poniente, tal vez  para reponer el vigor perdido durante su carrera veloz desde las montañas de Anaga, y la luna emerge desde la ladera del Valle de La Orotava al galope entre palmeras y letreros luminosos.

*Periodista y editor.

La huella de nuestra historia

Palacio de  Acebrón de Doñana, años sesenta del siglo XX.

Palacio de Acebrón de Doñana, años sesenta del siglo XX.

Menaje

El mundo es un buen lugar, vale la pena defenderlo. Los pequeños detalles que la historia hace imperecederos son los enlaces para que el curso de la misma sea. Hoy nuestras costumbres caminan por sendas bien distintas y ya no nos acostumbramos a ver utensilios que hicieron posible el que nosotros estemos aquí. Nada se escapa al ojo crítico del mundo y por mucho que nos empeñemos en erradicar de nuestro entorno pinceladas de la historia, de nuestra historia, seguirán existiendo en la memoria de los hombres y eso es imborrable. Ese sentimiento de satisfacción por saberse conectado a los otros y a la naturaleza es lo que hace que toda creación humana comience con un pensamiento, una idea, una visión o una imagen mental. Y aquellos que fueron son nuestros maestros y ahora sabemos el porqué de las cosas que un día se callaron. Respetando los espacios, respetando las diferencia, respetando la intimidad.

En verano las cabras tiran para la playa

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El muelle pesquero del Puerto de la Cruz sigue siendo un referente en el mantenimiento de la tradición del baño ritual de las cabras, que desde mediados de los años ochenta del pasado siglo, impulsó el recordado folclorista tinerfeño Chucho Dorta-“Benahuya”, un destacado defensor de la cultura aborigen de las Islas Canaria, cuyo legado se mantiene intacto. Rebaños de cabras procedentes de diferentes enclaves ganaderos de Tenerife se dieron cita en el entorno marinero de la ciudad turística, en la plenitud del solsticio de verano, a pocas horas de las hogueras de San Juan que alumbraron la noche más corta del año.

Fotos: R.B.

Entre pitos y flautas

galloLlegó el día de San Juan y con él los paseos, la playa, el baño de las cabras y las hogueras. Famosas noches del día 23 de junio con los amigos entorno a las fogatas. La ropa se te quedaba hecha una pena del olor a brasas, pero era así y lo pasábamos bien. A partir de ese momento los días tenían otro encanto. No habían horarios y las aventuras se encontraban a la vuelta de la esquina. Eso sí tampoco habían ordenadores ni teléfonos móviles, porque no hubiera sido lo mismo. La comunicación, la relación, el intercambio de libros, juguetes, experiencias llenaban nuestros días de verano. Eso no volverá porque a pesar de toda la tecnología nos hemos olvidado de vivir, de sentir sensaciones y de hacer de nuestros días de vacaciones un encuentro, una etapa en nuestra vida y, sobre todo, un crecimiento personal que nada nos lo puede hacer sentir. Y entre pitos y flautas se acabó ese día en el que nuestra mirada no supo ver aquella mágica luz sin pensar  en otras cosas. El humo de aquellas hogueras voló alto y se perdió entre las nubes. Las brasas quedaron en silencio y las noches de San Juan se viven de otra manera bien distinta. Los gallos de corral deambulan por los barrancos posando para el objetivo de algún curioso que lo descubre por casualidad, porque ya se ven muy pocos. Su canto amanece en las mañanas pero muy lejano. Es una cosa casi inexistente, lo mismo que el croar de las ranas en los estanques. Un tiempo de color que ha adquirido la consistencia de esa lucha que debilita a todos y a cada uno de los que forman parte de ella. La construcción sociocultural se demanda de nuevo en nuestra sociedad porque la rutina configura este mundo sincronizado al que ya pertenecemos sin exclusión. Respetar los espacios que nos deparen un disfrute personal que nos enriquezca. Respetar la intimidad de cada uno y también sus diferencias son algunas de las asignaturas que están pendientes en nuestra sociedad actual.  Y es que la vida sigue y con ella todo nuestro entorno. Cuando nos damos cuenta vemos cuan lejos estamos ya del punto de partido y entre “pitos y flautas” nuestro futuro estará  en el aire.

Artesanía, un idioma universal

feria artesania

Exposición de artesanía de Francisco Hilario Pacheco./HANAH VALENTÍN

libro expo

Decoraciones de estaño./H.V.

“El artista en este contexto social no debe ser un simple artesano, sino un intelectual preparado para todas las disciplinas y en todos los contextos”

El pasado mes de mayo se celebraba en el TEA (Tenerife Espacio de las Artes) una exposición de artesanía. Todo tipo de creaciones se dieron cita en su sala para mostrar una vez más ese idioma universal que, por medio de las manos, la inspiración y la creatividad han escrito la historia de los pueblos y de sus gentes. Hoy en día los artesanos se han visto relegados a un segundo plano pero su labor es importante como fuente de sabiduría y tradición entre los pueblos.  Siempre encontraremos en algún rincón del planeta El buen hacer  de esas gentes que nos demuestran el hábil manejo de la fantasía, arte y habilidades como la herramienta necesaria para saber valorar todo aquello que tenemos. Muchas fueron las modalidades allí expuestas de las que destacaremos el apartado del artesano tinerfeño Francisco Hilario Pacheco Luis con sus decoraciones de estaño realizadas sobre las encuadernaciones de libros y carpetas. Una labor encomiable que a nadie deja insensible. Un eslabón perfecto para la fusión del hombre y el mundo que le rodea.  Un significado exacto que nos hace reivindicar nuestra cultura en cada época de nuestro tiempo.

Un mundo maravilloso

Obra de Juan Mezquita

Juan Mezquita.

Cuadro de Juan Mezquita

Juan Mezquita..

Cuando nos empecinamos en algo jamás prestamos atención a esos minúsculos detalles que conforman un mundo maravilloso del cual apenas nos percatamos. Solo con un lápiz o una pluma podemos diseñar un sueño al que nada ni nadie puede invadir. Siempre será nuestro sueño, aunque estemos en el mundo de los demás. En esa zona reservada de la privacidad más interna del ser humano existen numerosas posibilidades que, aún queriéndolo, podríamos llegar a imaginar. Ese mundo al que todos deseamos llegar y hacer nuestro existe, pero solamente en el lugar donde se crean las cosas más bellas y sencillas. El pintor crea para nosotros mucho después que lo hace para el mismo que ya ha deleitado las mieles de su obra. El tiempo pasa pero las obras quedan a perpetuidad en quienes tuvimos la suerte de encontrarlas. Ya sea un cuadro, un libro o sencillamente y pasaje retenido en la memoria. Adentrarse en esa aventura maravillosa es como despojarnos de nuestras vestiduras y traspasar el umbral de la puerta de tu casa dejando atrás las cargas. Como bien dijo Paul Theroux: ” Deja tu casa. Ve solo. Viaja ligero. Lleva un mapa. Ve por tierra. Cruza pie la frontera. Escribe un diario. Lee  una novela en relación con el lugar en el que estés. Evita usar el móvil. Haz algún amigo”.  Quizás entonces la vida nos sonreirá más a menudo.

Espejismo de la felicidad

Llegan los tiempos de salir y divertirse y tratamos de ponernos en forma en unos días. En todas las vertientes existen mentes caprichosas que desean por todos los medios erradicar la edad y colocarse en esa etapa en la que todo era fácil y maravilloso. Tarde o temprano nos damos cuenta de que ese camino sumiso y que nos parece tan  seguro no nos sirve para conquistar una vida que valga la pena vivir. La vida se ha de vivir en el momento. Con sus subidas y con sus declives, solamente saberlos afrontar ya es un paso definitivo para sentirnos como los mejores.  Valorando la incertidumbre como un disparador y el humor como un estímulo. Nadie nos puede asegurar que de lo que estamos huyendo no se va a producir, porque en ese cruce de caminos existen numerosas posibilidades de que eso suceda. El espejo de nuestra felicidad lo creamos nosotros mismos y por mucho que perfilemos no podremos engañarnos. La vaciedad existente que se ha apoderado del ser humano es tal que aún así no conseguimos poner tope a nuestras exigencias dejándonos la vida y la salud en el intento. ¿Es que todos tenemos que parecer muñecos de recortables a la semejanza de nuestros ídolos? Si es así la mente humana está retrocediendo y haciéndose cada día más vulnerable a las doctrinas de muchos que, por supuesto, nada nos dan y nada nos aprecian. Solo hacerse ricos con nuestra ilusión. Prudencia que las arrugas de hoy son el anticipo de que la vida sigue y ese trayecto ni la fórmula más “pija” hará que no se produzca. Y la felicidad no consiste en eso, es mucho más que eso.

La India que conocí

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Fuerte Ámber, en Jaipur./HANAN VALENTÍN.

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Gran Mezquita de Nueva Delhi./HANAH VALENTÍN.

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Feligreses en la piscina de la Gran Mezquita de Nueva Delhi./HANAH VALENTÍN.

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Palacio de Agra./HANAH VALENTÍN.

Cuando sientes el impulso de cruzar casi ocho mil kilómetros de distancia y llegar al otro lado del mundo es que realmente amas lo que quieres hacer. Cuando estás seguro de que es allí donde quieres volar, tu conciencia no te defrauda jamás. La vida es una sucesión de oportunidades y una constante sorpresa de saber que existes. Y existes porque los horizontes que ves frente a ti son la ruta que te dará las coordenadas de encontrarte con ese mundo. Un día conocí la India y ese mismo día la India configuró mi existencia para siempre. Viajar al país sin apenas tener noción de a donde vas es un error, pero enamorarte de él es una especie de amor platónico que no a todos suele cautivar. Lo importa es ser, descubrir y sobre todo agradecer. “Delhi, bajo el sol rojo de sus atardeceres y la niebla de sus mañanas es un monopolio de color, luz y vida; mucha vida. El sonido de agua de sus fuentes y el aroma de jazmín me hacen despertar. Agra, entre campos de mostaza y pequeñas montañas. Jaipur, donde las princesas deambulan por sus palacios, mientras el Fuerte Amber protege sus misterios.  Lugares de meditación, paz y enseñanza por todas sus calles, mezquitas  y templos. Refugios de espiritualidad en los que la muerte y la vida  son la consecuencia del tiempo. Nada escapa a la mirada de los jóvenes esposos que duermen en el Taj Mahal ,y cuando la luna se asoma el río Yamuna  atrapa el devenir de la historia y surca  sus márgenes haciendo que el recuerdo no se diluya. A lo lejos el Himalaya sorprende y cautiva” Porque en sí la vida no es significado, la vida es deseo y no se ha hecho para comprenderla sino para vivirla. Un día conocí la India y desde ese día está trazado su misterio en cada uno de mis pasos.

144 años

Han tenido que pasar 144 años para que se presente una mujer como candidata a la presidencia de los Estados Unidos. Era el siglo XIX y en el año 1872, Victoria Wood Hull se presentaba como candidata a ser la primera presidenta de los Estos Unidos de América. Desafiando las convenciones de su tiempo rompió estructuras y se lanzó con un sueño al que cualquier mujer pudiera acceder. La historia de un país es la vida contada de sus gentes. Negar la historia es rechazar unos orígenes que han sido los cimientos de cualquier cultura. La ciencia que estudia el pasado de la humanidad y a la que le debemos tanto nos vuelve a desafiar con un momento en el cual se ven implicadas muchísimas cuestiones a nivel mundial. Por otro lado, la ONU prepara listas de posible candidatas a dirigirla. Desde hace 70 años que fue fundada, se piensa en la mujer. Todavía existen prejuicios y normas desvirtuadas ya por el paso de los años, que deberían revisarse. Suenan aires de renovación en lo referente a modificar y compartir un patrimonio exclusivo de los hombres y donde la mujer a dejado constancia de su capacidad para dirigir un país. En la actualidad hay 20 mujeres jefas de Estado y gobierno pero hace falta mucho más.  Se está rompiendo ese techo de cristal bajo el cual muchas de ellas han mirado hacia arriba sin poder acceder a dicho nivel. Las viejas glorias que habitan  en  los palacios, residencias y demás están llenas de  sombras de un  pasado atrapado por intereses. Los cansinos de la historia yacen en los pasillos de segunda clase.
Es hora de no crear más el futuro con  estructuras caducas,  de  convicciones vacuas porque la historia se escribe siempre desde el hoy y es lo que realmente debe tener peso para la humanidad.

Legado

Los Silos

Reserva natural de Sibora, Los Silos (Tenerife)./RAFAEL B-A BARRETO

“Sólo dos legados duraderos podemos dejar a nuestros hijos; raíces y alas”. El laberinto de la vida es sinuoso para todos. Depende de nuestra forma de ver las cosas para no confundirnos. La cultura está atravesando un duro y oscuro túnel por el cual se intenta romper esos eslabones que nos atan a la historia. ¿Para qué? Todos somos un grano de arena en la historia del mundo y parece que nos molesta. El momento presente es el campo en el cual transcurre el juego de la vida. No puede jugarse en ningún otro lugar. Detrás de los pensamientos y de los sentimientos se oculta un medio más poderoso, un sabio desconocido; se llama tú mismo y la verdadera generosidad hacia el futuro consiste en entregarlo todo al presente.  Las antiguas generaciones ha surcado los renglones de la historia y no podemos hacerlos desaparecer por caprichos mundanos de poder. La oportunidad existe donde usted la encuentra. La conciencia es del tiempo, el pensamiento está estructurado en base al tiempo y lo que el pensamiento produce sigue estando dentro del cautiverio del tiempo.  La vida es hacernos y crecer como los árboles por eso debemos expandir nuestras alas y buscar ese horizonte en el cual hallemos ese lugar, lejano o cercano para saber donde nuestra vida se suscriba  en los renglones de la historia. “A ti mismo. Ahí encontrarás todo cuanto buscas. La profundidad del mar, la riqueza, la transformación del viaje”.