El sol cae lenta
mente sobre el Océano Atlántico, en el Norte de Tenerife, sugiriéndonos, tal vez, el crepúsculo de un año que termina. Pocas horas le quedan ya a 2014, un año bueno para algunos y no tanto para la mayoría de quienes han sido desterrados de la fortuna que no necesariamente tiene que consistir en dinero o patrimonio. Quienes se han visto privados de ese tesoro que es la felicidad de estar en paz consigo mismo y con los demás o esa capacidad de dicha que entraña saber compartir todo lo que tenemos y no lo que nos sobra. Feliz 2015.
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