
Nos preguntamos: ¿existe una actividad diferente, un momento distinto de las energías que diariamente crea un «YO o el Mi» con todas sus contradicciones? Vemos y pensamos que la humanidad debe estar unida porque es la única manera de que la raza humana pueda sobrevivir física y biológicamente. Los políticos jamás resolverán esos problemas ¡jamás! Al contrario, seguirán manteniendo las divisiones por sus lucrativos beneficios. ¿Qué sentido tiene todo esto? Sin nuestro compromiso social con la vida no habrá sentido a todo eso. Nuestros cerebros están presos de unas rutinas, en el hábito, en el condicionamiento. ¿Existe alguna energía que no tenga causa alguna? El hombre desde que el mundo es mundo solo ha utilizado la parte de su cerebro en la que solamente existe el conflicto. ¿Podemos pensar que la mente es capaz de liberarse de dichas contradicciones? Difícil tarea pues lo primero que tendríamos que hacer sería entender ¿qué es el tiempo?, esa dirección concreta y como lograrlo.
Tiempo significa movimiento, pero también significa dirección. Viviendo en completo desorden, tanto físico como intelectual nuestro cerebro no puede funcionar con precisión. Para llegar a ese orden sin conflicto y sin admitir tiempo alguno es el primer paso que debemos hacer para poder «dudar», porque la duda es un agente purificador que nos enseñar a manejar bien nuestras decisiones. No crearse ilusiones pues dichas ilusiones únicamente surgen cuando uno está completamente seguro de alcanzar algo que desea con fuerza. Las máscaras no sirven de nada para intentar salvarse de la duda y de la indecisión. Elegir sólo es necesario cuando la mente sigue confundida, si se tiene claridad no es necesario elegir. Ganar con condiciones no es la solución. Las condiciones para todo tipo de meta y logros deben ser siempre eslabones de justicia e imparcialidad, jamás los beneficiarios de un deseo de poder sobre los demás. Por desgracia existen.

Sin tiempo no maduran las uvas