
¿Porqué el hombre se compadece del hombre? Estamos habituados a establecer una serie de complejos frente a aquellos que no gozan de las mismas oportunidades que nosotros y sin embargo cuando intentan crear ese puente hacia la liberación, hacia un futuro mejor nos sorprendemos y hasta los rechazamos. Cuando una sociedad es apartada de todo tipo de progreso, respeto y bienestar social la otra mitad los ve como vulnerables frente a la imposición de unos gobiernos carentes de humanidad. Sentimos pena pero la mayor parte es una pena de puertas afuera. Mientras no nos toquen lo que es nuestro todo vale. Si hay que echar una mano se echa, pero nada más. No somos conscientes de nuestro potencial y todo lo arreglamos con la caridad. La caridad no es solo dar en un momento oportuno algo que otros necesitan. La caridad es involucrarse en ese desafío a la hora de hacer frente con los marginados frente a los imperios que les amenazan. Vivimos una tragedia sin precedentes en Marruecos por un terremoto que se ha cebado con un pueblo que vive a la espalda del mundo y sin embargo todos miramos ahora hacia él. Es el mismo, con sus penas, sus riquezas y todo aquello que algún día hemos ido a buscar entre sus calles para vivir una aventura distinta. Pero cuando los cayucos llegan a nuestras costas con personas arriesgadas que buscan auxilio se les mira de distinta manera porque están invadiendo nuestro bienestar. ¿Qué hacemos? Muy poco o nada. En el momento caliente todos somos buenos, pero nadie da ese paso al frente haciendo desenmascarar las caras ocultas de los gobiernos hostigadores. Ese antídoto a la compasión no ha llegado a fraguarse todavía. Somos los dueños de un mundo que no nos pertenece y sin embargo nos creemos los amos y señores de esos pueblos que viven a nuestras espaldas y que nadie ve, que pocos escuchan y sin embargo cuantas veces presumimos de bondad sin apenas tener ni idea de lo que eso significa.