
Se suele decir que por el humo se sabe donde está el fuego y nada más cierto que eso ya que las señales son tan ciertas y tan reales que apenas hemos de encontrar el camino. ¡Ahí está, ahí está! y no se trata de la Puerta de Alcalá sino de la traición en toda regla. Si no lo vemos es que ya hemos perdido la vista y todo aquello que el ser humano tiene para ser distinto a las demás especies: razón, honor y sapiencia. Nubarrones sobre Madrid y vericuetos con miradas maliciosas en un lugar representativo para una nación que ayer se teñía de nostalgia en un momento histórico. Los que estaban ocupaban un espacio, los que no maldecían desde fuera que España no se hubiese dejado arrastrar por sus sinsabores. La verdad frente a la mentira. La sumisión de una princesa que procuró estar a la altura y que lo conseguía, hicieron revolver más de una tripa a quienes se vistieron de payasos y no evitaron pasar desapercibidos. No hay nada. La vaciedad de un gobierno se delata constantemente haciendo críticas y procurándose favores a costa de lo que sea. Por el humo vamos conociendo el camino y no pinta del todo bien porque de las oscuras mazmorras de una mente humana se puede generar demasiada maldad.