
Déjala correr y con ella todos esos malos prejuicios que hemos ido almacenando en nuestra mochila a diario. Paisajes de invierno que ya se acurrucan junto a nuestros hogares. Con la resaca de esos sueños compartidos en estos días se deshacen nubarrones de incertidumbre y hastío que quizás nos vayan dejando mal sabor de boca. Pero hay que remontar la montaña del emprendimiento aunque nos cueste un poco afianzar nuestras pisadas y restablecernos de tantos desengaños. Dejemos correr el agua y que la tierra se harte de ella para poder dibujar en nuestras ventanas coloridos paisajes de luz y de alegría. Pero el hombre sigue empeñado en hacer de la maldad una victoria y eso no lleva a buen puerto. Pero mientras se escuchen reír a los niños en las plazas y contar sabias historias de vida a nuestros mayores siempre habrá esa sensación de esperanza como la que el río nos demuestra que «agua que no has de beber, déjala correr». Deshacernos del pesado equipaje y afrontar nuevos retos. Es la mejor manera de avanzar.