Pendientes de un hilo

Acabamos de entrar en el año chino del Dragón y por consiguiente recibimos mucha más influencia de dicho país asiático. El Dragón nos sujeta con hilo tan débil que ya estamos a punto de caer al vacío. ¿Quiénes mueven los tentáculos de ese poder malvado al que se ha vendido el alma? Todos lo sabemos y ellos mejor que nadie, solo que es mejor seguir en la cima que andar descalzo por la calle. Ya nada importa, lo importante es «aportar maldad» y seguir siendo ese gigoló que a muchas abduce y que a otros sin embargo da náuseas. Pero ahí estamos los españolitos de a pie, esperando que caigan las uvas o mejor dicho que caigan algunas gotas para saciar la sed de nuestros campos. Enjaulados y a merced del viento y de las narco pateras que ya son el cáncer de nuestras costas para después refugiarnos en la mentira y la poca vergüenza. Al final nada como es costumbre. Todo se disuelve como el humo del cigarro pero con los efectos secundarios de sus componentes. El Dragón chino se ha puesto en pie y como bien dijo Napoleón; «cuando el gigante asiático despierte no habrá lugar en la tierra en el que podamos refugiarnos». Los frentes están abiertos y las heridas muy sangrantes pero no somos ni tan si quiera capaces de darnos una pizca de cuenta de todo ello. Volverán nuevas naciones a gobernar la tierra y la civilización que ahora conocemos pasará a engrosar las páginas de la historia del mundo. Aunque todavía podremos hacer uso del paraguas que, a parte de protegernos de la lluvia podría hacernos caer en nuestros propios errores y tratar de solucionarlos.

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