
El tiempo es la última palabra en este acontecer convulso que abraza a toda la humanidad. Sí. Digo humanidad porque estamos atrapados a merced de aquellos que manejan la barca del tiempo, la libertad y el futuro. Contamos las horas pero el tiempo es un corredor nato que siempre llega a pesar de que intentemos ponerle freno. Después vendrán los lamentos y ya nada llegará a ser igual. Negar las verdades cuando las verdades están sobre la mesa es una tarea de ridículos parlantes que con el «como me la maravillaría yo», creado por una de las figuras de nuestro país la denominada «la faraona» , andaluza y muy resuelta, nos decía todo aquello que no deseábamos escuchar. Con la horas contadas para un país que ni sabe lo que le espere ni tampoco cree ya lo que se le promete. La mentira se ha instalado en aquellos que se creen indestructibles y que por desgracia no se darán por vencidos tan fácilmente. Tiempo al tiempo pero las cartas están marcadas y los pactos firmados. Nada sabemos a día de hoy de lo que nos tiene preparado este incierto futuro pero que tenemos las horas contadas es un hecho. Mientras sigamos alimentando al dragón y fomentando ese poder insaciable de pasar a la historia a costa de lo que sea estamos cavando muchas más tumbas y muchas menos victorias. ¡Ojo al dato!