
Diversidad de aromas camuflados bajo vestidos de seda. Entre «piquitos» aderezados de conjuros en cabezas exultantes de escasa dignidad. Un fiscal que se mofa de la ley y unas leyes que se arrugan entre las manos de quienes intentan hacer con ellas pañuelos desechables para conseguir la inmunidad. Nada asombra y todo ensombrece esta hora horrenda de conjuros, malversaciones y malos modales que se estampan en los caricaturescos rostros de aquellos que el inventar y el mentir viene asociado con el poderío de sus asientos y posaderas en el crujir de sus manifestaciones. Contratos impagados que ahora se reclaman a este país que presumía de legal y hoy se ha convertido en la cochera de Europa. Todo cabe, aunque sea en el hacinamiento de aquellos que llegan exhaustos en busca de un futuro mejor. El «caballo de Troya» acecha ya tras los Pirineos a la espera de de irrumpir como un corcel en el país que le ofreció un sueño y ahora son demasiados los inconvenientes, que hoy por hoy se descompone ante la mirada de todos.