
Nada es lo que parece y sin embargo seguimos creyendo en los peces de colores. Mientras la buganvilla se muestra con toda su elegancia sobre las blancas paredes de la casa, el mundo gira y gira entorno a un rosario de insensateces y pocas verdades que día a día cimientan los muros de la incredulidad ciudadana. Nada es lo que parece, pero eso sí, todavía creemos en los peces de colores que anidan a nuestro alrededor. ¿Será capaz la razón de poner las cosas en su sitio? ¿Nos atreveremos en algún momento ha decir NO a todo aquello que emerge contaminando la democracia? ¿Estaríamos dispuestos a postergar muchos de nuestros intereses nocivos y dejar paso a una humana relación con nuestros semejantes? Años luz nos separan hoy de tantas buenas voluntades que se derriten en el polvo del camino, en los embalses secos y en las caravanas de personas que no tienen a donde ir. ¿Es eso lo que ha cambiado desde la noche de los tiempos ese mundo al que pertenecemos? Sencillamente no porque seguimos siendo los mismos, solo que con aire acondicionado y coches eléctricos. La mentira escribe hoy las páginas de la historia y crea conflictos de odio entre los pueblos. Nada es lo que parece y sin embargo todavía creemos en los peces de colores. Habrá que hacérselo mirar.