
Recibir la bonanza de la brisa a nuestro favor es una suerte, solo que hay brisas que desembocan en tempestades. Equilibrar nuestros esfuerzos sería un buen comienzo pero no todos están por la labor de renunciar a sus proyecciones o a sus futuro inmediatos. Los que puedan desplegar sus velas al viento estarán dichosos mientras que otros tendrán que conformarse con avanzar paso a paso entre los quebrantos del destino y la falta de humanidad de otros. La maldad se escribe hoy con letras mayúsculas en muchos sectores de nuestra sociedad. Se intercambian futuros por votos y se intenta hundir a todo aquel que no piense igual. La maldad proyecta sensaciones que hoy todavía no podemos descifrar pero el tiempo tiene todo el tiempo del mundo para dar a conocer esa gran verdad cocinada con el egoísmo y aderezada con el simulacro. Nada de esto parece ya prudente y sin embrago todavía caemos en esos «engañabobos» que nos están haciendo daño en los zapatos y mella en nuestros corazones. Estados Unidos comienza desde ahora un nuevo proyecto frente al mundo y selecciona lo que realmente le interesa. Sus mástiles están abiertos al viento y sus decisiones anidarán como siempre grandes victorias y también nefastas decisiones. El pueblo a elegido y así será. De lo reprochable ya tendremos tiempo para valorarlo pero sin lugar a dudas ha sido una respuesta ecuánime. No estamos en condiciones de valorar nada porque tenemos que empezar a cuestionarnos a nosotros mismos. La maldad no es buena consejera. La maldad destruye. Pensemos un poquito.