
Los chinos celebran su Año Nuevo y celebran con alegría la llegada de esa serpiente de madera cargada de buenos deseos y promesas. Atrás quedan páginas de la historia que entristecen al mundo y donde aún hoy permanecen vivas en nuestra retina. Cuando el Covid hizo su interrupción en los preparativos de aquel año nuevo que vendría marcado por la tragedia, el miedo y la incertidumbre del mundo frente a algo que desconocíamos, todo quedó parado en seco mientras las calles del emblemático país se vaciaron de vida y se llenaron de tristeza. No solamente sería China sino que paulatinamente iríamos cayendo como fichas de un dominó todas las naciones del planeta. Escalofriantes momentos que marcaron un antes y un después en la historia de la humanidad. Bajo la luz de la llegada del dragón China se reinventa como cada año pero el mundo es bien diferente. Las grandes potencias mundiales no se dan la mano ni tampoco se incluyen en la prosperidad de las naciones. El gigante chino despierta de su letargo más fuerte que nunca y la sumisión ya no forma parte de su idiosincrasia. Todavía no apreciamos el verdadero alcance de una inteligencia tan estremecedora como la que hoy utilizamos como un pasatiempo y sin embargo podría hacer desaparecer el mundo en el que habitamos.