Molinos de la Mancha

De repente, sin apenas anunciarse aparecieron los gigantes que según Don Quijote comenzaría una batalla entre el personaje y su fantasía. Tierra de gentes que abrazan al visitante y gustan de mostrar sus campos, sus viñas, su esencia infinita que aún a día de hoy culebrea por sus calles empedradas y sus castillos. ¡Qué mejor castillo diría el hidalgo caballero al enfrentarse a tal maravilla!

Con sus aspas al viento de la tarde evocan el sonido de tantas historias, de tantos sueños y de tanta magia, que se hermanan en un tiempo donde de alguna manera u otra hemos cincelado algunos juegos de la infancia.

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