Junio

Otra vez se siente el olor del incipiente verano en las calles y jardines. En un mundo lleno del color aterrador de las guerras siempre encontraremos algo bonito que ver, como el sol que en Junio se despierta junto a nuestra ventana para darnos un empujón y hacernos salir a la calle a disfrutar del día. En ese almacenaje de olores, brillos y juegos se desperezan los sueños y se cosen los recuerdos en nuestra ropa. Crecemos y sin apenas darnos cuenta tenemos que buscar otros zapatos, otros pantalones y también muchas cosas guardadas en el cajón del invierno para sacudirlas al sol. En apenas unos días llegará el estío y nos sobrepasará con el bullicio de sus noches y el susurro de sus olas. ¡Qué lejos quedaron aquellos junios encantados donde no teníamos que rompernos la cabeza para encontrar esa diversión que nos llenaba todo un verano. Hoy las mareas humanas siguen el guion establecido por la sociedad donde todo está hecho y la dosis de aventura no viene incluida en el precio. Solamente aquellos que guardan las canicas en sus bolsillos saben hacerlas rodar sin necesidad de GPS ni viajes programados. El libro de nuestros veranos está en nosotros mismos.

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