Serpientes con corbata

Rojo, azul, morado y verde se entrelazan en un grotesco mundo de rencillas, donde solamente impera el odio, la traición y la mentira disfrazada de siglas que propicia largos días de enfrentamiento y muchas horas de preocupación. Muchos adoran ese engranaje de burdas conjeturas y a día de hoy todavía se desmarcan en favor de esos movimientos de serpiente que llevan su veneno como mochilas a donde quiera que vayan. El nadie conoce a nadie y poner la mano en el fuego por quienes nos han alimentado los bolsillos se ha convertido en una doctrina fantasmal de la que todos beben ungidos por un deseo irrefrenable que les carcome y les delata. La serpiente se coloca su corbata a diario y culebrea al son de quienes le obligan a hacerlo para escalar montañas y crear conflictos. Los cicerones de las tramas están en la sombra pero el cascabeleo de las fauces de las serpientes con corbata se escuchan en la distancia. Una pena que ya no existan cazadores como los que inundaban nuestras tardes de verano en esas selvas imaginarias de los grandes del cine y que en un plis-plus reconducían la historia. Existen muchos comendadores hoy en nuestro país y también muchos problemas. Una cartografía anunciada en la que el cascabeleo de las serpientes profetiza demasiados secretos confinados.

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