Un mundo sin alma

La humanidad hace tiempo que va perdiendo su alma y lo más triste de todo es que no se da cuenta de ello. Estamos tan precintados a todo que apenas sentimos. Ya nada nos hace saltar de rabia y maldecir en que se ha convertido la relación del hombre con el hombre. De las personas con la naturaleza. De los valores humanos que se ven erradicados a diario de nuestra vista y de la falta de empatía hacia aquellos que nos reclaman. No sentimos y no nos importa porque vamos de sobraos por el mundo. Apenas somos capaces de entablar un diálogo sobre temas tan duros como el hambre, la guerra, la persecución de quienes no son bienvenidos por su raza, lengua o religión manteniendo esa distancia comprometida de la que somos, por desgracia, algo culpables al no mostrarnos tal y como somos sino tal y como otros quieren que seamos. Pero el mundo seguirá perdiendo su alma sin remedio. No como el árbol que pierde sus hojas, el niño que pierde su infancia o el día que pierde su luz. La renovación no está con nosotros hasta que veamos el mundo con los ojos del alma.

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