
España arde y no solo por los incendios que han devorado más de medio rostro de nuestra maravillosa geografía. Arde de dolor y de rabia frente a la incompetencia de los gobiernos autonómicos que no han sido capaces de ordenar y de responder frente a la tragedia. La burla constante de un gobierno nefasto que se ha saciado como las pirañas con la vida, el campo y todo ese mundo rural que ya no tiene quien le respalde. No hay color porque ha desaparecido el valor humano y comprometido de sus gobernantes. Mientras España ardía otros pasaban sus vacaciones juntos al mar. ¿Cómo van a mirar a la cara a quienes han hecho de su tierra un desierto? No caben palabras ni perdones. Tampoco promesas enlatadas que lo único que promueven es más rabia y menos confianza. Si hay lugar para el desprecio a las instituciones que no ven con el corazón, sino con las listas electorales. Negar el auxilio es un delito muy grave y aquellos que se vanaglorian con frases como «puto despilfarro» a la hora de mantener esos servicios insustituibles frente a tragedias como estas no merece la pena ni ser nombrados. Estamos asistiendo a una tragedia programada, donde los débiles van cayendo y la ceguera de muchos nos hace ver el nivel humano de quienes dicen ser «presidentes». Lástima, miedo y preocupación.