
Estamos asistiendo a una obra de teatro interminable en la cual la palabra perdón se ha ido haciendo viral entre los humanos. Esa sabia palabra en la que debe reconocerse el fracaso de alguien que ha cometido un error pero que no se siente como tal. Estamos menospreciando la palabra perdón ya que en su interior están las verdaderas causas de una conducta (mala o buena) pero que ha llegado a hacer daño. ¿Cómo se puede restituir la autoestima de una persona a la cual se le ha privado del derecho de la confidencialidad? Estamos viviendo esta obra teatral como si no pasara nada y sí que pasa. Estamos vendiendo nuestra privacidad en cada momento en las redes sociales y nadie se siente afectado con ello. No somos conscientes del daño que nos hacemos a nosotros mismos y a nuestras familias vendiendo nuestra vida privada al mejor postor. ¿Y si lo hace un fiscal? ¿Pedirle perdón a un fiscal? Estamos todo locos. Si la justicia no es justa para qué hay justicia. Cada uno va por donde quiere, y si hay que borrar al vecino para que no cante, se borra. Si hay que malversar el dinero público para hacernos más ricos, tener vacaciones pagadas y de lujo o crear empresas para lucrar nuestros asientos, se hace. Para que sirve la justicia. La mentira se ha instalado en aquellos que llegan a negarte que la tierra es redonda y todavía dicen que tenemos que pedir perdón. No es cuestión alfabetización es cuestión de dignidad y de justicia. Por lo demás habrá que esperar a que maduren las manzanas y caigan por si solas del árbol que les aguanta. No esperemos reacción alguna de esta sociedad que se ha acostumbrado a lo que está viviendo.