Mirando al mar

Estaba la gaviota aquella tarde de noviembre. Miraba al mar y me hizo entender que el mundo no se acaba ahí. Que el horizonte solamente nos limita hasta donde nosotros queramos, porque el horizonte es infinito. Tras de él se esconde esa realidad que no entendemos hoy, ahora, pero mañana se nos hará visible siempre y cuando nuestra ilusión no sucumba ante las piedras del camino. Y permanecía ensimismada en aquella tarde de un sol brillante a la vez que frío. Un poniente que escribe sobre las arenas de la playa los recuerdos de una apacible tarde de otoño.

Deja un comentario