Cigarras y hormigas

La peor enfermedad que puede sufrir un ser humano es la envidia. Creemos que podemos hacer todo lo que nos plazca pero cuando observamos que existen otros mejores no podemos soportarlo. Dicen que a pesar de que el desierto es el lugar donde la vida no puede existir, donde las flores no se abren a la vida, donde el agua está tan lejana que ni un simple riachuelo es capaz de atravesar una de sus dunas, el poder de lo inenarrable se encuentra por encima de todo. En el desierto la vida existe, solamente que no somos capaces de verla. El hombre ha querido aplastar a aquellos que sí la han visto. Aquellos que son envidiados por todos con la simple definición de «no ser como los demás». Y ¿porqué no son como los demás?, porque se encuentran abrazados por la fuerza de saber quienes son, donde están y para quien caminan. Sin estos valores todos los demás carecen de sentido y la humanidad hoy está atrapada en ello. Por muchos años que pasen, por muchas guerras y genocidios se inventen jamás podrán borrar lo que es imborrable. Sustituir lo que es insustituible y conquistar lo que es inconquistable. Por encima de todo está la verdad de las naciones. Por muy insignificante que esta sea, pues muchas son las veces que por ser distintos son odiados. Por saber más que nosotros intentamos callarles y por estar mucho más adelantados procuramos borrarlos de la faz de la tierra. ¡Pobre el hombre que se cree superior a todo aquello que es imposible de dominar! Igual que las hormigas van paso a paso creando su hábitat los que dicen llamarse civilizados no encuentran sino piedras en el camino, a pesar de estar envueltos en riquezas y poder. Lo singular es innato por mucho que lo intentemos borrar.

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