
¿Cuántos de nosotros disfrutamos en su momento con la tierna historia de Caperucita Roja? El escritor Charles Perrault nos versionó dicha historia que incluyó en un volumen de cuentos dedicados a niños- Pero su narración fue muy desgarradora y fuerte. Más tarde apareció otra versión escrita por los hermanos Grimm en la que se dulcificó dicho contenido dando una ejemplar enseñanza frente a los peligros que podemos encontrarnos en nuestras decisiones, en nuestras aventuras. Dichas narraciones me hacen hoy recordar lo cerca que nos encontramos de dichos escritores a pesar de los años transcurridos. ¿Existe Caperucita Roja en nuestra sociedad? A modo de comentario yo diría que sí, solamente que de otra manera. Las redes sociales vuelven a ser como la cestita que portaba Caperucita Roja y llevaba a su abuela que estaba enferma. Todo lo que un joven o un niño desearía tener. Disfrazada de promesas y de sueños realizables se abren frente a nuestras pantallas creando un mundo maravilloso para aquellos que buscan llenar su existencia, conseguir su sueño y viajar a mundos pocos conocidos. ¡Ahí está el lobo!. En esos mundos conocidos al que se accede sin que tus padres lo sepan. Sin que tu experiencia de la vida te sirva de coraza y tu frágil situación frente a lo desconocido te haga caer. Muchos de los que fueron víctimas de estas «Caperucitas» se sienten arrepentidas. Otros por desgracia no llegan a tanto porque se perdieron en el camino a la casa de su abuelita. Muchos de los que dicen que no creen en los cuantos se convierten en los mayores analfabetos. ¿Por qué no dejar que la experiencia de la vida nos enseñe lo que es realmente la mayor experiencia sin pantallas ni redes sociales?