
«Camina como si estuvieses besando la tierra con los pies» . Es bueno hacerse esta reflexión de vez en cuando. ¿Cuántas veces hemos ido por el mundo sin apenas percibir que todo el peso de la naturaleza está bajo nosotros. La Madre Tierra es la mayor muestra de ejemplaridad que nos ha regalando la vida. Esa cualidad de ser ejemplo para todos. Manifiesta su conducta sabia y elocuente frente al comportamiento de las personas. Influye en nosotros como el docente que influye positivamente en sus alumnos sacando de ellos lo mejor. Esa virtud natural de crear los cimientos que toda persona necesita transformando los malos hábitos en lecciones de prosperidad. Porque como dicen «la naturaleza es sabia«. Y qué poco sabemos . Solamente nos asusta cuando convulsiona contra nuestros malos hábitos y nuestro poco respeto hacia ella. El cambio climático se abandera hoy como algo de lo que muchos se enriquecen mientras que otros no son capaces de sentir la propia tierra bajo los pies. El libro de la naturaleza está abierto día y noche y la tierra procura hacer bueno lo que ya está destrozado. Una tarea difícil porque el hombre no admite lecciones. El saber no se compra, solamente se aprende. Desde lo más remoto e inaccesible hasta aquello que jamás nos hemos parado a contemplar. Como bien dijo Sócrates; «No puedo enseñar nada. Sólo puedo hacerles pensar» Y de eso estamos a años luz de la verdad y el compromiso.

Hace tiempo leí algo que me inspiró a pensar en la ejemplaridad de la Madre Tierra. «Un día me fui al bosque porque quería vivir deliberadamente, enfrentarme a los hechos esenciales de la vida y aprender lo que ésta tenía que enseñarme para no descubrir, al morir, que no había vivido» . Henry David Thoureau.