Un instante encantador

Que sólo se queda el hombre cuando intentamos sumergirnos en esos reductos tecnológicos que más que abrazar separan. Separan nuestra manera de ser de la que hemos tenido siempre. Separan a las personas que ya no sienten la compañía de un rato de charla por un mensaje frío desde el otro lado de una calle. Una calle poblada de muchas personas como nosotros. El diálogo, la pregunta directa o simplemente un gesto de alegría o asombro que podría arrancar hasta una sonrisa en la persona que tenemos delante. Ese momento, ese instante tan especial que se ha diluido de toda relación humana. Por desgracia muchos animales llegan a relacionarse más que nosotros. Hoy mientras la calles se visten de color y música por las carnestolendas quizás se produzca algún contacto más natural entre los partícipes pero como flores de un día quedarán solo en el recuerdo. Ese instante tan especial es que podemos procurar que sea algo que nos incite al comienzo del cambio. Al valor de la palabra y al contacto cálido entre las personas.

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