
Hoy nos despertamos con tu sonar a través del profundo valle de la corona forestal. Pero ayer también no hiciste escuchar tu latido eterno. Tu sentir entre las lavas y el aviso de estar más vivo que nunca. Teide, nombre que te hace internacional y valiente. Seductor y calmante cuando en el ocaso revistes de paz la mirada de quienes hasta ti se desplazan en los días de soledad y confusión. En esa lucha constante del ir y venir de la vida. De una soledad impuesta a una soledad deseada donde donde la paz y la renovación se unen haciéndonos más conscientes y más verdaderos. Tu lenguaje es mucho más que eso. Es el pulso sosegado y cálido de un «gigante «protector.