Vivir en el infierno

Patera a la deriva

Patera a la deriva.

Se dice que el cielo puede estar en cualquier lugar, todo depende de nuestro estado de felicidad y bienestar. Vivir en él nos hace disfrutar de infinidad de cosas que a veces no sabemos ni valorar bien. Encontrarlo es un poco difícil ya que todos no sabemos enderezar nuestro camino y nos distraemos de alguna manera en cosas irrelevantes. La otra cara de la moneda está cuando volvemos nuestra mirada hacia el otro lado. Ese otro lugar donde el cielo jamás llega a encontrarse.

Hoy la civilización está reviviendo el movimiento de los pueblos hacia otros lugares en busca de una estabilidad. Ese lugar del planeta donde los días no tienen horas definidas porque las noches y los días e confunden en la dura desesperación por llegar a buen puerto. Vidas hipotecadas ya mucho antes de salir de su país y en las que un halo de ilusión y de esperanza les da fuerzas en las frías noches.  Pero la barbarie sigue campando a sus anchas y los países hacen oídos sordos frente al grito de los que se hallan en tierra de nadie. Esos rincones del planeta  que todos sabemos que existen y que nadie, o casi nadie dice conocer.

La mitad de esas mareas humanas se queda en el camino y el océanos se convierte en un cementerio en las aguas del mundo creado por la deshumanización de este otro mundo carente de decisión y de arraigo. Una decisión que pasa por las altas esferas pero que  solamente llega a los oídos de las manos solidarias que nunca duermen. Esa parte del mundo que vive en el infierno es donde las llamadas de atención no llegan jamás y donde los platos siempre están vacíos. Cuando las lluvias y los terremotos sacuden lo poco que tienen nos rasgamos las vestiduras durante unos días pero después todo pasa al rincón del olvido. Donde las cartas de navegación de los más osados están sin concluir y la luna y las estrellas son los únicos testigos de esas viajes  sin destino.

“Emigrantes” ¿Quién no ha sido emigrante alguna vez en la vida? Todos hemos cambiado de barrio de casa o de lugar de trabajo  en alguna ocasión. Hoy por hoy lo negociable es  lo que verdaderamente importa. El cielo o el infierno lo creamos los hombres. Vivir a la luz o permanecer en la sombra es solo cuestión de una lámpara donde nos podamos mirar y comprobar, una y cientos de veces más que somos iguales. La humanidad comienza a deshacerse como la carcoma frente a nuestros ojos y eso es un motivo para no apagar la  luz.

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