
Arco Iris sobre el puerto de Santa Cruz de Tenerife./HANAH VALENTÍN
La tarde trazó un capricho puente hacia el mar. Mientras los grandes cruceros reposan plácidamente en la dársena el arcoíris trenzó sus colores conformando un puente hacia el mar. Envolviendo la tarde ese blando suspiro de la añoranza de día lejanos y viajes de ensueño comencé a establecer un diálogo con mi propia presencia en aquel rincón de mi isla que, por circunstancias ajenas a este relato me llevaron hasta allí. ¡Qué lejos y a la vez que cerca estamos de aquello que ya pasó! El recuerdo es como la almohada de los sueños donde descansan las sensaciones, los estímulos, las experiencias y desde las cuales trazamos nuestros propios puentes hacia la inmensidad del mundo, de los mares, de las nubes. Desde ahí todo es inmenso frente a nuestros ojos pero si nos sumergimos en la esencia de todo lo que nos sucede a cada instante podemos darnos cuenta de que ese todo magnifico e impresionante podría caber en el cuenco de nuestras manos. Solo es cuestión de ver y de soñar.