
En la memoria recurrimos a esos parajes del tiempo en los que hemos vivido y donde el silencio huele leyenda y la vida sabe a naturaleza del hombre frente al mundo. Recogimiento, sabiduría, y devoción son el encaje que abraza y que habita bajo las nieves del Himalaya. Encontrarse en ese laberinto de cultura y civilización es dar un paso hacia la trascendencia de lo que se escapa a nuestra forma de vivir en occidente. Sonidos que haces tuyos desde el mismo instante en el que te sumerges y te dejas envolver en el polvo de sus caminos, en la riqueza de sus ritos y en la hospitalidad de sus gentes. Quizás jamás nos acostumbremos a asombrarnos de esa dimensión que yace en todos sus templos y desde todos los rincones. Otra forma de amar y descubrir la vida es lo que nos hace diferentes bajo un prisma del que mana la belleza de la esencia humana. No es cuestión de separar culturas solamente es una opción de abrazar conceptos que muchas veces la humanidad pasa por alto.