
¡Qué lejos está esa palabra para las mentes pensantes de la civilización! Los casos de pillería y corrupción se abren como flores de abril frente a nuestros ojos y siempre sobrevuela la tan manida frase «yo no sé nada de eso». Hasta las lechuzas se parten de la risa viendo el ir y venir para ocultar una verdad que corroe, «la estafa». Esa facultad de raciocinar pensando la razones en pro y en contra de esas manipulaciones que tanto gustan a nuestros gobiernos y que tan poco pagan por ser el «cum laude» del deterioro nacional. ¿Cómo están esas cabezas y qué poco uso hacemos de ellas, cuando la avarienta mezquindad por el poder les abduce por completo? Al final como en las novelas siempre admiraremos a ese truhan que sabe burlar a la ley y también a ese señor que, con el raciocinio bien amueblado intenta engatusarnos con proezas no realizadas. ¿Diálogo de besugos? Más bien diría yo, el sinsentido de las cosas con sentido.