
Frente a la naturaleza somos insignificantes. Su poderosa fuerza nos alecciona y constantemente nos está dando muestras de su valor. Beneficiarse de ella es la razón principal para respetarla y contemplarla. Un árbol no hace al bosque pero cuando en el bosque uno de sus árboles está cansado y necesita apoyo todo el bosque le ayudará a mantenerse en pie. Las personas nos asemejamos mucho solo que nuestra soberbia nos impide pedir ayuda y al final caemos por nuestro propio fracaso. Encontrar el equilibrio entre el «ser o aparentar ser lo que no eres» es una de las asignaturas pendientes de la humanidad. Pedir ayuda no es rebajarse ante nadie.