La charca

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Charca perdida que resistes el paso del tiempo. En una sinfonía de colores que trazan sus pinceladas sobre la agreste montaña. El sol se ha ido pero todavía queda esa luz que envuelve cada atardecer. Brotes de hojas secas, de matorrales vestidos con alguna florecilla salvaje serpentean el camino hasta tus bordes. Allí, en la calma del barranco te expandes cual espejo de jade frente a la magnificencia de un paisaje que simboliza eternidad furiosa frente al mundo. En la recoleta ensenada de tu silueta vibran todavía retazos de aquel tiempo y de aquella forma de vivir que aún hoy se escucha, se huele y se trasmite en las miradas que hasta aquí llegan y te descubren. Olor a higueras silvestres y a refugio de cazadores. Y todo eso  acontece bajo un sol cansino y una montaña que esconde sensualmente su secreto.

 

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