¿Y ahora qué?

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¿Sabemos realmente lo que estamos haciendo con nuestro bienestar, con nuestro futuro? Los engaños se apoderan de las mesas de los congresos y los parches tienen una caducidad. ¿Pero qué estamos intentando demostrarnos a nosotros mismos? Lo evidente, lo que ya todos vemos pero aún seguimos dando con la testarudez de la sinrazón y la sonrisa de la traición. Nada cabe ya en los compromisos ni tampoco en los pactos. Cuando no se cumple se zanja, aunque duela y ocasione algún que otro meneo gubernamental. Pero saber decir NO es la mejor de las opciones y el mejor de los daños. Saber decir NO es el punto y a parte de tanta carnavalesca y de tanta falta de moral y respeto. El pozo es negro y muy oscuro pero solo hay que dejar correr el agua limpia para que los vapores y la suciedad se vayan. Es necesario mantener el vigor de la palabra libre en un momento en que una excesiva concentración de medios resulta inquietante y limita el debate democrático. La libertad de palabra es algo directamente proporcional a la democracia. A diferencia del pasado, en nuestros días ya no es necesario vigilar y censurar la información; basta con comprobarla. Por eso vuelvo ha hacer la pregunta ¿Y ahora qué?

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