El comienzo

«Plantar un jardín es crecer en el mañana». (Audrey Hepburn) Cuando de nuestras manos caen a diario los despropósitos de la maldad más cruel apenas sentimos ya lo que sucede frente a nosotros. Nos hemos acostumbrado a observar la barbarie humana como algo que pasa a nuestro lado sin procurarnos daño alguno. ¡Qué ignorantes nos hemos vuelto al pensar en ello y sin embargo nos apuramos cuando algo insignificante nos abruma! La naturaleza muerta en la que hoy se ha convertido la sociedad sigue dejando su huella irreparable que ni a cientos de años lograríamos limpiar. Ya no se planta, se destruye. La verdad está erradicada de los corazones y la maldad se lleva colgada del cuello a modo de galardón. Nos ensañamos con el emigrante y olvidamos nuestra razón de ser en otras épocas no lejanas donde los países abrían sus fronteras. Hoy nada de eso existe porque el poder se ha atrincherado en la mentira, la malversación y la burla hacia quienes aún intentan crear senderos de luz entre las naciones. Se tira de la ley como arma arrojadiza entre la venganza y el despotismo, pero no entendemos el verdadero porqué de la sinrazón ya que el diálogo no está bien visto y solamente somos capaces de hacer entrar en razón por medio de la violencia. No hemos aprendido nada y tampoco queremos hacerlo. La cómoda existencia en el poder nos convierte en peleles que mueven sus cabezas al viento para sobresalir de los demás. El comienzo es la palabra y el deseo la actitud. Lo demás habrá que dejarlo en suspenso mientras la razón se halle ausente.

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