Marzo y los estorninos

Apenas el mes de febrero ha desaparecido en el camino de las estaciones, el mes de marzo rompe con todos los esquemas abriéndose paso a un nuevo renacer. Marzo, nombre latín de Marte, dios de la guerra y donde el aguamarina y la piedra de sangre resurgen en una conspiración natural a los ojos del hombre. Un hombre que apenas siente ya la poderosa llamada de ese renacer a la experiencia, al bullir de nuevas sensaciones y al verde esperanza que se marchita día a día contaminado por las geopolíticas devastadoras donde no cabe un ápice de cordura ni un deseo de encontrar paz. Marzo barrunta tiempos de difícil solución en un planeta cansado y sucio al que apenas dejamos respirar. En el cielo he visto las bandadas de estorninos que cruzan como cada año la atmósfera iniciando nuevos rutas de un hemisferio a otro para crear sus nidos y que cada vez les cuesta más encontrar el rincón adecuado. Con sus coreografías realizadas con la más bella sinfonía nos recuerdan la poderosa y vibrante esencia de la vida misma. Únicamente que ya no miramos al cielo ni percibimos de sus sonidos. Nos hemos sumergido en lo oscuro y la vida sin luz carece de sentido.

«Quienes no ven más allá, al no ver, tampoco sufren por ello»

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