
Muchos nos hemos hecho esa pregunta pero lo cierto es que apenas sabemos la respuesta. ¿Qué es lo que hemos perdido? Nos parece algo tan usual y sin embargo cada uno de los pálpitos de nuestra vida están vinculados a ello y tienen un lenguaje distinto. Carecemos de valor porque ya no nos asusta nada de lo que vemos. Ahora y más que nunca contemplamos la muerte y apenas nos sobrecoge. Hemos renunciado al «saber». El don que a nadie se nos prohíbe y sin embargo nos da pereza sumergirnos en él. Qué es lo que queda?. Esa marca imborrable y que jamás podremos borrar, el recuerdo. Esos compañeros de nuestra vida que lo dieron todo por nosotros y que ahora apenas recordamos de lo que aprendimos de ellos. Hay otros momentos que nos motivan porque la vida es un tren en marcha sin posibilidades de apearse. Demasiadas experiencias pero muy pocos recuerdos ya que estos se guardan y las experiencias son efímeras si nada sacamos de ellas. ¿Qué es lo que nos queda hoy? Rencillas, enfrentamientos y muy poca reflexión. Los recuerdos sobrevuelan sin detenerse porque no hay tiempo para ellos, son cosas de un pasado que ha estado entre nuestras manos y hemos terminado por hacer trizas de todos ellos. Lo que queda es; miedo, mucho miedo.