
Que lejos está la humanidad de ella misma. A veces no logro entender esas tendencias manipuladoras a las que nos sujetan las normas preestablecidas por unos que dicen saber más que nosotros y que han invertido su tiempo en crearse leyendas de sus méritos y en creerse los que nunca van a caer. Sí, estamos muy lejos de nosotros mismos porque no somos capaces de encuadernar los pasajes de nuestra vida e ir enriqueciéndola de progreso, cultura, sentimiento y sobre todo conciencia de las cosas. Desde la infancia no ponemos trazar esos caminos pero sí intentar caminar por ellos para enderezar nuestra personalidad. Queremos pasar por encima de las cosas y romper el mundo a nuestro paso. Nada nos satisface y tampoco nada nos llama la atención de tal manera que sintamos ese impulso para descubrir nuevos pasajes que nos llevarán a nuestra edad adulta. Hoy la humanidad está más sola que nunca. Ya no se retiene a ese amigo fiel que en la niñez conquistó con nosotros mundos de fantasía y que nos unían cada vez más. Hemos perdido la comunicación verbal y directa. Ya todo lo hacemos mediante signos estructurados en un un ordenador y que por desgracia nos ha comido el alma. Frío, mucho frío se cierne entorno a nuestra existencia cada día, cada año. Al final terminamos olvidándonos de nosotros mismos y aquella muñeca o aquel peluche de nuestra infancia se deshace entre las tinieblas de aquellos pasajes que conformaron nuestra forma de ser y que hoy son para nosotros otra manera de ver el mundo.